Posted by: elsalvador.com | November 18, 2009

El ave fénix que vuelve a sucumbir

Arriba, la destrucción causada por el terremoto del 13 de febrero de 2001; abajo, el alud de piedras y lodo que destruyó casas y mató a por lo menos 80 personas en noviembre de 2009.

Por Carmen Molina Tamacas

Verapaz, ubicado en las faldas del volcán de San Vicente, enfrenta su segunda gran tragedia en menos de una década.

El poblado quedó prácticamente en ruinas después del terremoto del 13 de febrero de 2001, que ocurrió exactamente un mes después de un poderoso sismo que devastó pueblos y ciudades de todo el país.

Entonces, las casas de bahareque -lodo, piedra y varas de bambú- con techos de teja, sucumbieron ante el terremoto de 6.6 grados en la escala de Richter, a las 8: 22 de la mañana de ese día martes. La fuerza que estremeció la tierra durante 20 segundos, causó muerte y destrucción especialmente en la zona paracentral del país, especialmente en los departamentos de Cuscatlán, San Vicente y La Paz.

El epicentro, de acuerdo con crónicas publicadas por El Diario de Hoy en ese entonces, fue una falla geológica local de San Pedro Nonualco, a 30 kilómetros de San Salvador, situada a una profundidad focal de entre 8.2 y 13 kilómetros.

Hasta el 95 por ciento de las viviendas fueron destruidas en pequeñas localidades como Paraíso de Osorio, Candelaria, Verapaz, San Emigdio, San Juan Tepezontes, San Miguel Tepezontes, Guadalupe y los cantones Santa Cruz Analquito y Miraflores abajo.

Pero los edificios de concreto y viviendas de ciudades como San Vicente y Cojutepeque también resultaron con graves daños.

Las vidas perdidas fueron 315 personas fallecidas, con más de 90 desaparecidas o soterradas, más de 3,000 lesionadas y 252,622 damnificadas.

Muchas de ellas residían en las localidades devastadas y en otras de Cuscatlán.

Río de piedrasEntrevistados por periodistas, en la mañana de su tragedia más reciente, los pobladores de Verapaz han contado que durante la tormenta, les llamó la atención un estruendo poco común, que los llevó a pensar incluso en que algo pasaba en la bocana del río Jiboa.

Sin embargo, el ruido era un río de piedras, algunas de ellas gigantescas, arrastradas por un río de lodo y palos, que se precipitó desde la montaña.

El aluvión arrastró al menos 100 casa y ha dañado gravemente otras 50, especialmente en las colonias San Antonio y el barrio Las Mercedes. Al momento la cifra de muertos es de 13, aunque se busca a medio centenar de personas. Unas 150 personas heridas fueron llevadas por vecinos y rescatistas a centros médicos de San Vicente poco después del desastre.

El alcalde, José Antonio Hernández, afirma que el 80 por ciento del municipio está destruido.


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