Posted by: elsalvador.com | November 19, 2009

Estudio decidirá reubicación del municipio

Gloria Esperanza Vásquez, de 60 años, y su hija Guadalupe, de 28, permanecen en lo que fuera su casa en el municipio de Verapaz. Foto/ EDH Leonardo González

Por Jorge Beltrán

Así como sucedió con la vecina ciudad de Tepetitán, en 1934, según registros históricos y lo que cuentan personas mayores de Verapaz, esta población podría ser reubicada en otro lugar debido a los daños del aluvión de rocas que el domingo en la madrugada arrasó con el centro del poblado matando a decenas de habitantes y causando destrucción a lo largo de más de siete cuadras que atraviesan el centro de la localidad.

De la reubicación de la ciudad aún no hay nada certero, según ha dicho el alcalde de la localidad, José Antonio Hernández. Lo habrá hasta saber los resultados de un estudio que se realizará en los próximos días para ver si Verapaz es habitable o no, explicó el edil.

Por su parte, el ministro de Obras Públicas, Gerson Martínez, ha dicho que las familias cuyas casas fueron arrasadas, no volverán al lugar ni se permitirá ningún tipo de construcción. Lo anterior es porque la “zona cero”, la 2a. Avenida norte y sur, que atraviesa el centro de la localidad por donde bajó el aluvión, quedó convertida en el cause de la quebrada Verapaz.

La noche siguiente a la tragedia, varias personas que se quedaron a cuidar sus viviendas para evitar el saqueo, ya habían hecho esas estimaciones. Éstos comentaban que Verapaz correría la misma suerte que Tepetitán, aunque ninguno visualizaba hacia dónde podrían mover el pueblo.

Tres deslizamientos, una tragedia

Desde la Carretera Panamericana se aprecia un gigantesco deslizamiento en el volcán Chichontepec, en el mismo sector que en 1995 se estrelló un avión de Aviateca, matando a todos sus ocupantes. Pero ese deslizamiento de tierra no es el mismo que bajó a Tepetitán, a Verapaz y a Guadalupe.

El Diario de Hoy constató que los aluviones que bajaron a esos municipios fueron tres, originados en diversos sectores. Los tres bajaron con el mismo ímpetu y arrastrando millones de toneladas de piedras y lodo. La diferencia radica en el curso que cada uno tomó.

El que bajó por la quebrada Amate Blanco, en Tepetitán, se originó a pocos metros volcán arriba, del lugar conocido como El Infiernillo, un sector en donde hacía no más de tres meses habían inaugurado un sitio turístico con piscinas de agua fría y aguas termales, aprovechando los ausoles que predominan en el cantón San Francisco Agua Agria.

Un estudio realizado en 2004 por la Oficina de Cooperación Suiza para América Central había identificado ese lugar como uno de los sitios de deslizamientos en la parte alta del volcán de San Vicente, que podrían ocasionar junto con lluvias intensas, flujos de escombros que llegarían hasta la zona denominada “Antiguo Tepetitán” ocasionando una destrucción similar a la ocurrida en el año 1934.

El estudio advertía que tales deslaves podrían ocasionar la pérdida de la calle que conducía a San Francisco Agua Agria. Todo resultó como lo previsto, con la diferencia de que no ocasionó muchas muertes porque su cauce corrió por zonas deshabitadas, a lo largo de aproximadamente cinco kilómetros.

Entre tanto, el deslave que llegó hasta Verapaz, se originó cerca del cantón San Emigdio, a unos dos kilómetros volcán arriba. En este lugar, la profundidad de las cárcavas dejadas por el aluvión es mayor que las que bajaron a Guadalupe y Tepetitán.

Otra característica de ese alud es que arrastró mayor cantidad de piedras de todo tamaño que arrasaron con el centro de Verapaz. Esto podría deberse a que las características del suelo por donde corrió la correntada es arenoso y formada en algunos lugares más profundos por cinco, seis o siete capas de piedra que se desmoronan con poco esfuerzo.

La misma característica en dimensiones y escombros se observa en la correntada que arrasó con varias casas de la ciudad de Guadalupe e infraestructura vial que conecta con Verapaz.

En cambio, en el subsuelo de la quebrada Amate Blanco, por donde se deslizó la correntada originada arriba de El Infiernillo, no se observan capas de piedras sino de tierra caliza, conocida como talpetate.

Desastre a orillas del Acahuapa

Si bien el deslizamiento que bajó por el Antiguo Tepetitán no causó mucha destrucción en esta ciudad, sí se ensañó con varias comunidades marginales en las afueras de la ciudad de San Vicente.

De acuerdo con vecinos del lugar, ese alud y el que destruyó Verapaz, llegaron hasta el río Acahuapa donde retomaron fuerza y arrasaron las comunidades Dos Puentes y La Caridad, dejando decenas de muertos y desaparecidos.

En su trayecto por los arrabales de San Vicente, el Acahuapa destruyó calles y puentes y además también cambió el cauce, robándole a la ciudad decenas de metros donde antes estuvieron asentadas varias comunidades marginales.

Vecinos de estas comunidades también afirmaron que los registros históricos indicaban que el Acahuapa no se desbordaba de tal manera desde aquel fatídico 7 de junio de 1934, cuando arrasó Tepetitán.


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